Consejos espirituales que llegan en sueños (Sueño 1)

Con esta entrada inauguro una sección/categoría que no había hecho antes —y ya me estaba tardando—: voy a registrar aquí mis sueños. El que describiré a continuación es tan sólo el más reciente. Si recuerdo otros anteriores los anexaré, pero busco enfocarme más en la documentación pronta de los sueños que tenga en el futuro apenas salga de ellos. Ya saben, escribir los sueños, dicen, va mejorando la capacidad de recordarlos y retenerlos. Pero también me interesa dejar huella de los viajes extraños que realiza la mente durante el sueño para captar ideas y emociones que pueda luego reusar en mi material narrativo o poético.

Diagnóstico acertado de una entidad familiar

El sueño que quiero y puedo registrar comienza al terminar otro. Literalmente voy corriendo, no sé si porque me persiguen o porque estoy en una carrera contra alguien/algo. Pero como en el set de filmación de una película, la escenografía del primer sueño se va terminando, bajo la velocidad y entro a una nueva escenografía —todo lo que hay tras bambalinas para la hechura de los sueños me quedó vedado, disculpen—.

El nuevo escenario es una serie interminable de edificios redondeados, casi todos blancos, que se sostienen sobre las nubes —como en Los Supersónicos, el templo del maestro Karin en Dragon Ball o la imagen del encabezado—. Unos se conectan con otros lateralmente, y otros proveen rampas espirales para, en más de un sentido, ascender.

Imagen de ciudad en las nubes propia de la ciencia ficción. Lo más parecido que encontré a lo que soñé.
En mi sueño había muchas de estas estructuras pero de diferentes formas, juntas y unas arriba de otras. La imagen de arriba la tomé de esta página.

Cuando llego parece haber una peregrinación: una fila de gente calmada y tranquila que sé —de esa forma onírica e infalible— que todos se dirigen al mismo lugar. Yo también.

Todo el asunto tiene una atmósfera celestial y mi yo etéreo tiene la misma sensación de haber recién salido de otro sueño. Asimismo, tiene la certeza de que debe unirse a la fila.

Siguiente escena: ya hemos avanzado un buen tramo, aunque la fila es probablemente infinita; no se ve a dónde o a quién vamos. Y de súbito me doy cuenta que mi significant other ha estado junto a mi todo el tiempo.

Entonces encontramos a una mujer vieja que va vestida de una manera que me parece estrafalaria incluso para el sueño o lo que los demás visten: variantes de mantos y túnicas de colores y patrones muy vivos y diversos. Obviamente.

La mujer nos llevaba aparte y hacía una especie de lectura o escaneo de mi pareja, la evaluaba y luego le hacía recomendaciones para mejorar su vida y aligerar su carga. No recuerdo nada de lo que le dijo, si es que llegué a escucharlo.

Volvimos a nuestro lugar en la fila y ya para la siguiente escena, mientras ascendemos por el interior de un edificio oval casi sin muros, volvemos a encontrar a esta señora. Ahora la veo mejor y me lleva a mi aparte: es pequeña, arrugada y viene acompañada de una especie de ayudante o asistente. No lo veo bien pero parece tener enanismo y vestir también de forma extraordinaria. Ella se parece mucho a la escritora Margo Glantz.

Nos dirigimos los tres a una especie de jardín redondo con banquetas y jardineras concéntricas. Todo en este mundo es redondo, concéntrico u ovalado.

Antes de sentarnos ella me olfatea varias veces, alrededor de la cabeza y luego, en silencio y con una mezcla de congoja y compasión, comienza a llorar. Unas lágrimas apenas, pero muy sentidas. Se sienta despacio y me dice, «Pobre de ti. Pobrecito de ti».

Acto seguido comienza su análisis, escaneo, evaluación y diagnóstico de mi… ¿ser?, ¿esencia?, ¿aura? Pero, como es costumbre en estos trances, lo que pasa se sucede muy rápidamente y en saltos cortos; como cuando una película llega al montaje que se edita para mostrarnos de forma expedita el entrenamiento del protagonista, cómo se van tendiendo las trampas o la realización de las fases de un plan previamente descrito.

Algunas de las cosas que pude grabar en mi memoria —¿los sueños se graban en la memoria o en otro lugar o compartimiento?— son:

  • En un punto, la anciana saca una de esas computadoras viejas de texto verde en pantalla negra. Mete algunos datos míos y ésta le devuelve un diagrama de flujo o de árbol hecho con los símbolos básicos del lenguaje MS-DOS. Pero antes de hacer esto ya me había demostrado saber de antemano que soy zurdo —cosa cierta en nuestra realidad—. Luego, al generar el diagrama me explica el por qué: se trataba, según ella de una forma de mecanismo de defensa que generé yo o la generación anterior manifestó en mí, para adaptarme o superar algún trauma o peso que cargo. Me decía, señalando la pantalla, que ninguno de mis antepasados había sido zurdo, que era una cuestión que yo había generado como subproducto de algo que había sucedido y me había afectado mucho.
  • En otro momento, sacó una caja de madera en la que tenía muchas piedras de extraños colores y todas cortadas y pulidas perfectamente en forma de cubos de unos 2 cm por arista. La mayoría eran de varios colores como azul, rojo y blanco, más similares a las secuencias de video que muestran gotas de tinta de colores entremezclándose en cámara lenta. Tomó la que dijo que era la mía: un cubo de profundo azul cobalto cruzado horizontalmente por líneas paralelas muy derechas y de color amarillo ocre, con algunas mínimas trazas blancas. Me dijo su nombre pero no puedo recordarlo; estoy casi seguro que comenzaba con E. Me la dio y al sostenerla sentí como un impulso, como un boost de ímpetu, de ánimo,como si me aligerara un poco o hubiera tenido un sueño reparador después de haber estado molido de cansancio.
Microfotografía de lapislázuli donde predominan el azul, el ocre o dorado y el blanco.
Buscando una imagen para ilustrar la piedra que se me mostró como mía, encontré que lo más parecido es el lapislázuli. Así que, no cualquier piedra, eh. La foto salió de acá. Aunque en el sueño parecía llamarse algo con E.

Finalmente, recuerdo que seguíamos sentados, o al menos ella, creo. Me miraba y de nuevo le brotaban lágrimas de los ojos, pero se sentía menos triste por mí que al principio y me dijo:

—Estás cargando mucha angustia, mucha ansiedad, estrés y sobre todo dolor. Tienes un gran dolor interno que no se ha ido y viene de tu pasado.

Moraleja, lección o consejo (¿?)

No recuerdo nada más, al menos por ahora. Creo que seguro prosiguió con la recomendación de seguir adelante y dejar aquello ir. Pero no lo tengo como cierto en mi cabeza ahora.

Lo que sé con certeza es que al despertarme tenía la sensación de conocer en la vida real a esa persona, de haber convivido con ella en esta vida, alguien de mi círculo laboral, estoy casi seguro. Y sin embargo, no puedo identificar quién en este mundo es ella.

Asimismo, sigo con la sensación de que la forma que manifestó en mi sueño no es la suya. Como dije, en el sueño se parecía a la escritora Margo Glantz, pero también a una conocida de un centro laboral al que pertenecí hace un par de años. aun así, no es ninguna de las dos, ni de las demás personas que se me ocurren.

Quien quiera que hayas sido, gracias por ¿el consejo? No hubo consejo concreto. ¿El diagnóstico? Bueno, eso definitivamente lo hubo. Tal vez no me dijo cómo seguir a partir de aquí, pero sí me dijeron de dónde vengo y cómo llegué a donde estoy ahora en mi vida: una encrucijada tremenda entre estar donde quiero estar y dejar de estar donde he estado. No me pregunten más detalles.

Gracias, amiga o espíritu o ángel o futuro porque, mi piedra me infundió algo de fuerzas, pero sobre todo la extraña compasión que sentiste por mi situación me hizo sentir menos solo, querido y arropado por otros seres —humanos y variopintos—.

Es muy extraño para mi decir esto otra vez, pero gracias y si tienes tiempo de venir pronto a decirme o recomendarme qué hacer a partir de ahora, te estaré eternamente agradecido.

Y si alguien leyendo esto sabe qué carámbanos pasó, no dude en dejarme un comentario o correo o algo porque, como dice el meme, me quedé así, ‘ira.

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