Atrabilioso

Este arte en particular, el de poner ciertas letras en cierto orden para que otros las interpreten, ¿es realmente tan complejo/demandante/profundo/personal/arraigado/exigente? ¿O es esta imagen mera romantización que ayuda a justificar una tarea que bien podríamos bajar del pedestal y poner al servicio del cotidiano?

Llevo algunos escritos en este enésimo regreso y quiero registrar ahora lo que siento: me ha ayudado forzarme a escribir algo, lo que sea, cada pocos días. Me obligué a quitarme el bocado y las riendas de lo que considero algo bien escrito: coherencia, estructura, corrección de estilo. Estos han sido en su mayoría (ahora lo hago consciente) pretextos para que mi núcleo perezoso barajee razón para mejor escribir esa idea después. Así, han pasado años y no sólo no he escrito en este blog…no he escrito nada de nada en ningún lado (con excepción de mi trabajo de titulación, que no es poca cosa). En mi ya trillado volver a escribir en este blog me he tomado el compromiso de no comprometerme ni con los textos ni con una agenda, ni con ustedes ni conmigo. Esto me ha permitido, efectivamente, no parar tanto como antes. Claro, en algún punto se me atravesará el exceso de trabajo, de comisiones, de salidas, de cansancio.

Sin embargo, lo que sentí hoy antes de escribir estas líneas fue un repentino, Justo ahora no siento necesidad de escribir sobre algo en particular. Supongo que la purga constante está desatorando las tuberías de mi mundo interior, de una u otra forma y hasta cierto grado. Una sensación casi realista de satisfacción, aunque sea temporal.

Curiosamente, esto ha devenido en que lo que estoy sintiendo ahora es la necesidad (que nunca se ha ido, pero ahora se siente más ¿tangible?) de escribir ya no sólo vómitos y soliloquios, sino historias propiamente dichas. Las consabidas novela y cuento y las no tan sobadas: un guion, una novela gráfica, un cortometraje, un videojuego.

La analogía de los músculos que se atrofian con la falta de uso y el proceso inverso, funciona, supongo. Siento más ánimo y posibilidad de por fin materializar las mil ideas que llevo lustros cargando en la cabeza y en mi aplicación de post-its digitales. Pero reconozco, de forma clarísima, que para poder romper la muralla que rodea mis objetivos creativos de antaño, tengo que seguir aplicando lo que estoy aprendiendo aquí en este momento: debo simplemente callarme, escribir y ya. Me refiero a vomitar una historia como salga, pensando en que será basura inicialmente, pero basura con todo el potencial de convertirse en oro. Si no paso de la página en blanco, el mundo se va a ahogar en una sopa gris homogénea. Me sigue dando un poco de miedo toparme con el primer ¿y aquí qué sigue? ¿este personaje para dónde va? ¿esta consecuencia tiene sentido con su causa? Y demás problemáticas, sí reales, pero muy muy restringidas en este momento a la inexistencia: estos problemas son para después de que vomite, no para antes de haber disparado letritas a la pantalla.

Este blog seguirá como lo que ahora sé que es: un refugio al que se vuelve cuando se necesita. Ningún refugio está pensado para volverse residencia permanente. Si esto pasara habría consecuencias para habitantes y habitación. Las cosas se hacen para tareas determinadas. Y la naturaleza ya añeja de este espacio es eso: ayudarme en tiempos de necesidad. Ahora me está ayudando a quitar la corrosión de los engranajes. Necesito seguirlos moviendo y el sistema de trabajo que estoy descubriendo aquí debo trasplantarlo al trabajo menos grueso, por llamarlo de alguna forma. No quiero decirle a los textos que siempre he querido crear algo como el trabajo fino o verdadero porque es regresarlos al pedestal de la obra de arte y la trascendencia y, por ende, fuera del alcance de mi cotidianeidad.

Como muchas cosas en estas primeras décadas del siglo XXI, hay que desmitificar estos grandes monolitos, faltarle el respeto a los altares y convertir las imágenes sagradas en decoraciones de alcoba. Y, principalmente, quitarle la alquimia al proceso creativo y convertirlo en una tarea como lavar los trastes o limpiar la caja de arena de los gatos.

Deja un comentario